Renacer de la escoria

22/Abr/2015

La Diaria, Por Stephanie Demirdjian desde Ereván, Armenia

Renacer de la escoria

El viernes se conmemora el centenario del
genocidio armenio.
Jemma dice que todos los 24 de abril parece
que el clima “estuviera de duelo”. El aire se pone denso, el cielo gris y,
generalmente, llueve. Ella nació hace 23 años en Ereván, la capital de un país
que está respirando un ambiente particular este mes. Las calles de la ciudad se
poblaron de extranjeros, de música folclórica tradicional y de tulipanes. Se
arreglaron las calles, se restauraron las veredas, empezaron a funcionar los
bebederos y se encendieron las fuentes. Los espacios públicos se adornaron con
carteles tricolores -rojo, azul, naranja- con el número “1915” y con las
palabras “recuerdo”, “justicia”. Los autos, los comercios y las personas
sacaron a relucir las calcomanías, las banderas, los pins y los letreros con la
flor Myosotissylvatica, también conocida como nomeolvides, elegida como símbolo
del centenario del genocidio armenio. Armenia se vistió de memoria.
Lo que recuerdo
Albert Navasardyan entró por la puerta del
comedor sostenido por dos bastones de madera y caminó lento hasta llegar al
sillón tapizado de terciopelo marrón, al lado de una mesa ratona que en cinco
minutos se cubrió de platos con avellanas, damascos secos, katah -torta
tradicional armenia rellena de azúcar y manteca-, galletitas de chocolate,
fruta fresca cortada en trozos y compota de granada. Tiene 88 años y, aunque ve
bien sin usar lentes, tiene una sordera leve. Su padre, su tío y su abuela
fueron los únicos de su familia que lograron escapar de la muerte en 1915,
cuando el imperio turco-otomano comenzó su plan de exterminio contra el pueblo
armenio. En total eran 12.
Albert mantuvo la sonrisa hasta que escuchó la
palabra “genocidio”. Su cara se transformó y empezó a hablar, aunque tuvo que
frenar a la tercera palabra porque su voz se quebró. Sacó un pañuelo de tela
azul y blanco del bolsillo de su pantalón deportivo, se secó las lágrimas y
continuó su relato. Contó que su padre, de nombre Ieghish, se salvó porque su
madre lo metió en un bolso para que no lo vieran. Que tuvo que presenciar cómo
sus hermanas eran violadas antes de ser asesinadas. Que nunca pudo contar
enteramente lo que pasó en aquellos años, porque cuando empezaba se ponía a
llorar y lo invadía el miedo. “Odio no” -precisó con el índice en alto-,
“miedo”.
A veces, los relatos quedaron incompletos
porque los sobrevivientes eran muy chicos. Es el caso de la historia familiar
de StyopaFahradyan, que tiene algunos vacíos. Se trata de la travesía de dos
hermanas, Mairanush y Haikush, que con tres y cuatro años, respectivamente,
terminaron en el patio de Echmiadzin, la iglesia más antigua del mundo. Pero
jamás recordaron cómo. Llegaron en 1915 y allí permanecieron junto a centenares
de huérfanos hasta que un familiar de Ereván supo de ellas, las fue a buscar y
las crió. Mairanush era su madre y, según relató Styopa a la diaria, nunca
contó lo que vivió. “Un poco porque no quería volver a ese pasado y otro porque
en esa época teníamos prohibido hablarlo, por órdenes de los rusos”, explicó.
Con 77 años, aún conserva unos pocos cabellos blancos, un bigote canoso
prolijamente cortado y cejas tupidas de un color gris mezclado. Todavía tiene
la fuerza suficiente como para golpear la mesa cada vez que dice “turcos” y que
los vasos de vidrio tambaleen.
Helena Melkonyan tiene 26 años y es de la
cuarta generación de descendientes del genocidio armenio. Su lazo con el pasado
se vincula con su tatarabuela Varsik, que falleció cuando ella tenía cinco
años. Varsik tenía 11 hermanos y sólo sobrevivieron ella y su gemelo. Ambos
tenían seis años y fueron salvados por la madre de una familia turca vecina,
quien al entender lo que estaba pasando, “los escondió debajo de sus ropas”,
según narró la joven. Es por esta razón que Helena no guarda odio hacia los
perpetradores. “Mi familia nunca me hizo odiar a los turcos, porque mi abuela
sobrevivió gracias a una mujer turca que demostró ser una excepción”, señaló
abriendo sus enormes ojos marrones, que ahora se tornaban vidriosos. La postura
de Helena es un caso aislado.
Negar lo innegable
Albert mantuvo el tono suave durante todo el
diálogo, pero cuando tuvo que manifestar lo que siente por el Estado Turco,
gritó, como para no llorar: “Por supuesto que estamos enojados”. El genocidio
de 1915 es una herida abierta para el pueblo armenio. En el año en que se
conmemora su centenario, los armenios de todo el mundo recuerdan al millón y
medio de personas que perdieron la vida, pero también reclaman justicia por un
crimen de lesa humanidad que continúa sin ser reconocido por el responsable.
Para el país liderado hoy por
RecepTayyipErdogan, las masacres y las deportaciones ocurrieron en el contexto de
la Primera Guerra Mundial, y así como hubo bajas del lado armenio también las
hubo del turco. ¿Pero cómo sostener la negación mirando los documentos firmados
por los líderes turcos de la época, en los que se detalla explícitamente la
forma en la que hay que acabar con la existencia del pueblo armenio? ¿Cómo
refutar que fue un plan sistemático y premeditado cuando hay documentos que lo
confirman? Ya en 1909, distintos periódicos e informes de misioneros europeos y
estadounidenses hablaban de un “martirio contra los armenios”, cuando soldados
turcos irrumpieron en la ciudad de Adana y asesinaron a 30.000 armenios. En
1910, el ministro del Interior, Mehmet Taleat, resumió en un congreso de los
Jóvenes Turcos en Salónica -actual Grecia- el pensamiento de la organización,
señalando que para afirmar el panturquismo había que recurrir al “exterminio de
los disidentes”. Esto era sólo el preámbulo de lo que iniciaría cinco años
después.
La constante negación de los hechos a lo largo
de los años se ha convertido en una política oficial de Turquía. La existencia
del artículo 301 del Código Penal turco que penaliza con prisión a toda persona
que exprese “agravio a la identidad nacional turca, a la república y a los
fundamentos e instituciones del Estado” sirve de ilustración. El texto es tan
amplio y vago que se ha utilizado para castigar a defensores de derechos
humanos, periodistas y otros miembros de la sociedad civil que expresan sus
opiniones discrepantes, incluida la existencia del genocidio armenio.
El escritor turco OrhanPamuk, Premio Nobel de
Literatura 2006, fue llevado a juicio en diciembre de 2004 por “insultar y
debilitar la identidad turca” al mencionar en una entrevista que en Turquía
“mataron a un millón de armenios y a 30.000 kurdos. Nadie habla de ello y a mí
me odian por hacerlo”. También el periodista turco de origen armenio HrantDink
fue condenado en octubre de 2005 por “agraviar la identidad nacional turca” en
un artículo que escribió sobre los armenios de la diáspora. En enero de 2007
Dink fue asesinado a tiros en la calle por un nacionalista turco, luego de
meses de amenazas de muerte por ser considerado un “enemigo de Turquía”. El
negacionismo turco -la negación absoluta y generalizada del plan de exterminio
contra el pueblo armenio- es visto por los armenios como una continuación del
genocidio, en la medida en que sigue intentando silenciarlos.
En un esfuerzo por desviar la atención de lo
que pasará en Armenia, el gobierno turco decidió en enero celebrar el triunfo
de la batalla de Galípoli el 24 de abril (cuando siempre se celebró el 25) e
invitar a la ceremonia a líderes de todo el mundo.
Sí, pero no ahora
En Armenia, la población parece optimista. La
mayoría cree que “algún día” Turquía va a reconocer que quiso eliminar a los
armenios de la faz de la Tierra. Sin embargo, no creen que sea en un futuro
cercano. “Mantenemos la esperanza de que se reconozca”, dijo Styopa antes de
prender un cigarrillo, y siguió: “El primer paso es que Estados Unidos lo
reconozca”. De hecho, el peso fundamental del reconocimiento por parte del país
presidido por Barack Obama es algo en lo que todos coinciden. “Creo que sólo
puede suceder si Estados Unidos lo reconoce, no hay muchas alternativas”, dijo
a la diaria SarkisMahroukian, un armenio californiano de 35 años que decidió
instalarse en Armenia hace un año. También en este sentido opinó
AraxiaAndonian, una armenio-libanesa de 23 años que vive en Armenia hace diez
meses: “Turquía no va a reconocer el genocidio ahora, eso mostraría debilidad
de su parte y no creo que quieran estar en esa situación, pero a esta altura
todo depende de Estados Unidos”.
Para SevanKabakian, otro armenio-libanés de 52
años, sólo Armenia puede ayudar a Turquía a dar vuelta la página. “Creo que el
pueblo armenio tiene que mantener la presión pero, al mismo tiempo, mostrarles
que somos compañeros ayudándolos a superar los obstáculos, porque mostrando rencor
sólo generamos más hostilidad. La cuestión del genocidio armenio es ahora lo
suficientemente internacional como para poder pasar a la etapa de decir
‘tenemos que trabajar juntos’”, señaló Sevan, que vive en Armenia desde 2006.
De la memoria a los hechos
La agenda de actos conmemorativos en Armenia
empieza hoy de mañana con la apertura del Foro Internacional “Contra el crimen
de genocidio” en el Centro de Convenciones de la capital, donde participarán
alrededor de 500 personas, entre políticos, periodistas, líderes comunitarios y
autoridades religiosas. El foro termina en la mañana del jueves. Ese día se
desarrollará durante la tarde la ceremonia de canonización de los mártires del
genocidio armenio en la iglesia de Echmiadzin -sede del líder de la iglesia
apostólica armenia- y en la noche tendrá lugar el concierto de la banda
estadounidense System of a Down, que actuará gratis en la Plaza de la República
de Ereván.
El 24 de abril, por la mañana, el presidente
armenio, SerzhSargsyan, dará un discurso en el Dzidzernagapert, el memorial de
las víctimas, acompañado por autoridades de otros países y figuras religiosas.
Cuando caiga el sol, va a tener lugar en la Plaza de la República el concierto
de la Orquesta Sinfónica Internacional 24/04, integrada por 122 músicos
provenientes de 43 países, que estarán interpretando obras de compositores
armenios creadas en el último siglo. El mismo día, unas horas antes de la
medianoche, será la Marcha de las Antorchas, organizada por los jóvenes, desde
la Plaza de la República hasta el memorial.
En Uruguay habrá una marcha mañana desde la
Intendencia de Montevideo hasta la Plaza Independencia, donde se realizará
además un concierto con artistas locales. El 24 de abril, en el Salón de los
Pasos Perdidos del Palacio Legislativo se hará el acto central, en el que
además de conmemorar el centenario del genocidio armenio se celebrarán los 50
años de la ley que convirtió a Uruguay en el primer país del mundo en
reconocerlo.
Mientras hablaba de las actividades que
Armenia prepara para el centenario, HagopKhatchadourian, un joven sirio-armenio
residente en Ereván, señaló: “Los armenios padecimos por años la muerte y la
miseria, pero hoy estamos vivos y el mundo se tiene que enterar. Somos como el
ave fénix: de la peor escoria, renacimos”.